+ Miedo – Vida

Posted by on Sep 2, 2020 in blog | 0 comments

+ Miedo – Vida

Son varias veces las que en este blog trato el tema del miedo desde diferentes perspectivas.

Hace tiempo escuché que el miedo comparte espacio con la vida. El miedo tiende a expandirse, ocupar más y más armarios, cajoneras, deja sus cosas tiradas, por todos los sitios hasta que la vida se queda relegada en un rincón.

Podría empezar partiendo de la tan manida frase de la zona de confort, ese estado en el que todo lo que nos rodea parece estar bajo control y resulta bien cómodo. Tan cómodo, que ante la elección de un cambio, de algo nuevo, preferimos evitarlo quedándonos en ese sitio que tan bien conocemos y que tanta seguridad parece que nos proporciona.

La zona de confort aunque pueda parecer segura podría ser el inicio a un peligro de tal magnitud, que ni tan si quiera nos imaginamos. ¿ Cómo puede ser eso ? ¡ Pero si se llama zona de confort ! ¿ Qué peligros podría entrañar ?

La zona de confort ha de serlo puntualmente, para momentos de inseguridad, pero si continuamente elegimos quedarnos ahí, estaremos dejando de enfrentar cambios y esa falta de práctica en gestionar el cambio, revisar nuestras creencias, establecer objetivos, vencer miedos puede volverse una costumbre y generar un hábito, incluso convertirse en un rasgo de nuestro carácter.

El hábito de protegerse, si resulta permanente quizá se convierta en el habito de esconderse. En poco tiempo esa zona de confort puede resultar demasiado amplia, algo insegura y quizá elijamos echarnos un poco hacia atrás para evitar molestias.

Cuando el hábito de la protección se convierte en hábito de esconderte, de dar pasos atrás, se deja más espacio para miedos, para posibles amenazas para incomodidades y la falta de costumbre de enfrentarlos puede dejarte encogido en la última esquina de la parte de detrás de tu maravillosa zona de confort.

Poco a poco nuestro cuerpo y sobre todo nuestra mente se entumece. En nuestro rincón nos sentimos doloridos, inseguros, molestos hasta un punto en que todo aquello que nos llega del exterior resulta una molestia.

Afrontar con firmeza aquello que nos viene, utilizando nuestros recursos y gestionando nuestras emociones también crea hábito.

Todos los caminos tienen dos sentidos, un círculo vicioso puede convertirse en un círculo virtuoso.

Solo es necesario confiar, confiar en nuestras capacidades, en nuestros recursos, en nuestro saber hacer, en nuestras amistades, en nuestros familiares. Quizá el primer paso para salir de ese rincón sea el más importante. Toma las manos que se te ofrezcan, agárrate a aquello que te saque de ahí y verás que todo está bien. Que nada pasa por haber avanzado. Que la brisa ha dejado de ser fría y es agradable, te mueve el pelo y te hace cosquillas en los labios. Y que si la brisa es intensa, puedes ponerte una chaqueta y seguir sintiendo como te revuelve el pelo. Sonríes y quizá soples con todas tus fuerzas al viento que te da en la cara y os hagáis amigos.

Confía y déjate llevar un paso más hacia adelante, comprobarás que desde ahí se ve mejor, que hay un montón de cosas que que orbitan en torno a otras, a su aire, despreocupadas. Las seguirás con la mirada, divertido, te acercarás para ver cómo brillan, cómo se mueven y te sentirás seguro aunque haya cosas que escapen a tu control. Que haya cosas que escapen a tu control para nada significa que sean peligrosas solo que su esencia o presencia dependen de algo ajeno a ti. ¿ Y qué ?

Navega, sigue navegando, si cambia el viento, cambia las velas, si hace demasiado viento, exponlas menos, si hay calma, descansa y mira los destellos que el sol hace en la superficie del mar… Pero navega, y como leí una vez, mirar hacia el mar es navegar un poco.

Confía, da un paso hacia adelante y disfruta.

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