5 Minutos al día serán suficientes…

Posted by on Feb 6, 2019 in blog | 2 comments

5 Minutos al día serán suficientes… Solo para ti...

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Estaba a sus pies y se paró a contemplarla en toda su inmensidad. De superficies suaves, blancas, firmes, acogedoras, se agachó para poder acercar su cara a ella. Sin rozarla sonrió. Pocas veces se tomaba unos minutos en reparar en ella. Lentamente volvió a ponerse de pie, giró levemente sobre su lado derecho hasta poder alcanzar con un giro de su cintura la sábana bajera del juego que había elegido. La desdobló hasta que pudo encontrar una de las partes estrechas defendidas por sendas bandas elásticas. A sus pies tomó una de las bandas y la ajustó a la izquierda. A continuación hizo lo propio con la derecha. Con tres pasos tranquilos se colocó a la derecha del cabecero y con su mano derecha colocó la banda mientras con la izquierda acompañaba la sábana en esa dirección. Notó la suavidad y como los pliegues se hacían pequeños esperando a desaparecer con la fijación de la última banda elástica. Con tranquilidad se desplazó hacia el lado izquierdo y tomando con su mano izquierda la única parte de la bajera que quedaba sin ajustar lo hizo con la ayuda inestimable de su mano derecha que plisó el resto de la pieza. Desde ese mismo sitio contempló su obra. Tenía ante sus  ojos un pedacito de mar azul, quizá al anochecer porque era algo oscuro, sonrió, sintió paz. 

Se dirigió de nuevo a los pies de la cama para recoger la sábana que acariciaría a quién estaba destinado este acto de profundo amor. La tomó entre sus dos manos y la alzó hasta que pudo distinguir el olor del suavizante y la textura del algodón en sus labios. Dos inspiraciones profundas después y desde los pies de la cama desdobló la prenda y una vez que se hizo con los dos extremos ( ahora libres ) de la parte estrecha, alzó y bajó enérgicamente sus brazos varias veces. El movimiento de la sábana en el aire regaló un dibujo, una corriente de aire y de nuevo esa fragancia que tan bien conocía. De nuevo respiró hondo y sonrió. Sobre el mar al atardecer, un montón de rayitas en diferentes azules, violetas y blancos trataban de encontrar su sitio, juntas, ordenadas, en equipo. Tomó los extremos y tiro de ellos hasta que la sábana sobrepasó la parte inferior del colchón teniendo casi un encuentro casual con la tarima flotante ( tan pulida y bronceada ).

Un par de pasos a la derecha le permitió estirar la sábana lateralmente antes de dirigirse a la izquierda para hacer lo mismo. Con satisfacción,  desde el centro observó el equilibrio entre las dos partes de la pieza, que caían curiosas a izquierda y derecha hacia la tarima ( ” aquí hay lío… pero vamos ” ). Inclinado sobre la cama y con una de sus manos alisó la pieza  hasta las pequeñas arrugas abandonaron la superficie ayudando a los extremos a acercarse  más a la tarima. 

Dicen que cocinar es un acto de amor, aunque  mientras tomaba la manta pensó que un acto de amor puede hacerse en cada cosa, en la más insignificante. Hace mucho tiempo había visto una película en la que un chico se declaraba a una chica. Él la amaba y ella se reía de él pensando que tenía su amor. Él le dijo muy tranquilo que el amor lo tenía él y solo por eso podía ofrecérselo. Disfruta del amor el que ama, pensó mientras ya tenía una manta violeta casi extendida sobre un montón de rayitas azules , violetas y blancas perfectamente alineadas. 

Tomó sus extremos inferiores y los presentó a los extremos inferiores de las sábanas. Congeniaron. Ajustó a izquierda y derecha y se fue al cabecero de la cama. Primero a la derecha, dobló sobre sí misma la manta con la mano izquierda mientras con la derecha ayudaba al pliegue. Lo mismo hizo en la parte izquierda y después con mimo sacó la sabana para que abrazara por encima a la manta doblada sobre sí misma. Acabó parte de su obra haciendo la misma operación en el lado derecho una vez que se ocupó de que ninguna doblez o pequeña arruga deslucieran el resultado, casi perfecto a sus ojos.

Vistió la almohada con la funda, cuidando de que las costuras de esta quedaran en los laterales y solo la superficie lisa acariciara su cara. Con cuidado la depositó sobre el embozo con el cuidado de quien acaba un pastel y sobre una filigrana de nata pone una guinda, casi en equilibrio.

Desde los pies de la cama miró con satisfacción su obra, sonrió y acabó tomando con sus manos la sábana y la manta. Las introdujo entre el colchón y el canapé con un leve giro de sus manos. Ahora sí.

Era ya casi la hora de dormir, había llegado bastante tarde a casa después de un día duro y por eso prefirió dejar la colcha y los cojines donde estaban.

Cansancio y satisfacción se mezclaron a partes iguales en un cóctel cuyo efecto le provocaba somnolencia y tranquilidad. 

Se acercó a la cama, la miró, sonrió. Abrió el embozo y se metió dentro. Se giró hacia la derecha y durmió.

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Para dar paz hay que tener paz. Para dar tranquilidad hay que tener tranquilidad. Para dar amor hay que tener amor.

¿ Qué mayor prueba de amor a uno mismo que procurarse el mejor descanso, el más tranquilo, el más suave, el más agradable, de manera consciente ?

Algo que podemos hacer a diario en solo cinco minutos, nosotros mismos, sin ayuda, quizá en silencio, quizá escuchando música, sin gastar ” un duro “. 

Seguramente que mucha gente te quiere, pero quién más, tú. 

¿Pruebas a hacerte la cama  ( con amor ) y me cuentas ?

 

 

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2 Comments

  1. Lo que tu dices. Un anto de amor esta, en muchas ocasioned, en lo más sencillo o insignificante, en un gesto cotidiano, no sólo en un día especial o pagando un regalo.

    • Sin duda, Alejandro, las cosas que más valen pueden ser las que menos cuestan. Ahí reside el logro. Un fuerte abrazo y como siempre, gracias.

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